Qué largas, madre, qué largas
tienen las manos
los niños de África.
Y qué cortas, madre, qué cortas
tienen las manos
los niños de Europa.
De tanto pedir se alargan
de tanto guardar se acortan.
Pues yo quisiera, mamá,
tener muy largas las manos
y compartir mis juguetes,
mi comida y mis regalos.
Quiero que vistan miropa,
que compartan mis armarios,
quiero dejarles mi bici,
e ir con ellos de la mano,
a la escuela y la piscina,
a la iglesia y al gimnasio.
Hijo mio, hijito mio,
a eso sí llegan tus manos…
Tú tienes las manos largas.
Y los brazos,
muy largos también los brazos.
Son los brazos de los sueños
de los suelos más humanos.
